El afecto entre padres e hijos es un intercambio complejo y recíproco que empieza en el embarazo y continúa a través de los procesos de desarrollo.
La importancia de desarrollar los cimientos del afecto con los padres es uno de los motivos principales, ademas de potenciar significativamente la capacidad cognitiva del bebé.
No piensen que con el seguimiento de método, su hijo va a ser un genio, pero sí habrá ayudado enormemente a su desarrollo, potenciendo su imaginación, buen caracter e inteligencia.
A finales de la década de los setenta, algunos intuitivos científicos comenzaron a investigar para tratar de conocer cómo se desarrollaba, cómo sentía el bebé no nacido. Los tímidos descubrimientos realizados, nos animaron a crear, en 1982, un método de estimulación y comunicación para el no nacido, que más tarde se llamaría Sistema de Estimulación Prenatal Firstart.
Las investigaciones se fueron intensificando a lo largo de las dos décadas siguientes, hasta que, finalmente, y gracias a medios técnicos como la sonografía, la fotografía intrauterina y la ecografía, el velo de secretismo cayó, disipando el mito de que los bebés no nacidos se encontraban aislados, eran insensibles, no conscientes y tontos. Nos descubrieron por el contrario, unos seres humanos extremadamente inteligentes, dispuestos a aprender y a comunicarse con su entorno si se les ofrecía la ocasión.
El vientre materno representa nuestra primera escuela. En ella se crean los cimientos de lo que será en el futuro nuestra relación con los demás, las bases de lo que será nuestra inteligencia y nuestra salud. El embarazo es la etapa más formativa de nuestra vida, pues de una simple célula, se forma un ser humano completo física, emocional, social, intelectual e inclusive espirituralmente.
Los nuevos descubrimientos realizados sobre la vida antes del nacimiento llevarán, probablemente, a cambios en la medicina y la psicología y conducirán a una forma de concebir el ser humano más amplia, que describa la naturaleza del cuerpo, la mente y el espíritu.
El embarazo no es, por todo esto, un período libre de consecuencias. Es una época fundamental de oportunidades para que los padres creen bebés plenamente amados, plenamente formados, que estén auténticamente preparados para vivir una vida buena y llena.
Nosotros los padres tenemos el deber de hacer que ésa, nuestra primera
escuela, sea lo más hermosa, saludable y estimulante posible, para que
los niños y niñas, hombres y mujeres del mañana sean más
sanos, inteligentes, equilibrados y justos y creen, a su vez, una sociedad más
sana, inteligente, equilibrada y justa.
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